5 de diciembre de 2013

Freud, ¿el "número uno"?

FREUD "EL NÚMERO UNO"


Por Klaus Ziegler

La obsesión por cuantificar lo incuantificable, por comparar lo incomparable, propia de esa programación anodina y superficial de canales como “History Channel” o “Discovery”, parece haberse extendido hasta el ámbito académico.
En el mismo espíritu de “Los diez más”, expertos en informática de la Universidad de Indiana desarrollaron una nueva herramienta de medición, “Scholarometer”, capaz de discriminar entre las grandes luminarias a los pensadores más influyentes, sumando científicos y humanistas por igual. El primer lugar correspondió a Sigmund Freud, “el más extremo”, según la fórmula, seguido de un pososcurantista, Jaques Derrida. El tercer escaño quedó reservado para un experto en dietas y el cuarto para un gran sicólogo, Jean Piaget.
Bajo la nueva métrica, Einstein no figura ni siquiera en el décimo lugar de la clasificación. Tampoco aparecen los padres de la mecánica cuántica, ni Watson ni Crick, ni ninguno de los íconos de la ciencia del siglo XX. Entre los elegidos no brillan los artífices de los antibióticos, ni los pioneros de las vacunas, ni los padres de la genética moderna. El transistor, los circuitos integrados, el computador, la internet, el láser, la resonancia magnética, los polímeros, los plásticos, los fármacos sintéticos…, todo aquello que caracteriza la ciencia y la tecnología de los últimos dos siglos palidece al lado del Complejo de Edipo, de la Teoría de los sueños, y luce bien lánguido al comparárselo con las propuestas filosóficas del vocero del deconstruccionismo.
No hay duda, el padre del sicoanálisis podría ser el autor más citado de la historia reciente. Otro asunto es que ello constituya prueba indirecta de la trascendencia de sus contribuciones o del valor de sus ideas. Con criterios similares, el éxito comercial serviría como medida de la calidad intelectual de un autor. Si así fuera, Chopra y Coelho tendrían que figurar entre los grandes intelectuales contemporáneos.
Calificar a Freud de científico es, para comenzar, un absurdo. El Complejo de Edipo, piedra angular del sicoanálisis freudiano, es una fantasía sin realidad empírica alguna, al igual que “La envidia del pene” o el “Complejo de Electra”. Ni la “Interpretación de los sueños” ni la “Libre asociación” tienen la menor validez científica. Tampoco posee sustento empírico la idea de que el inconsciente sea un reservorio de experiencias infantiles traumáticas reprimidas o sublimadas que influyan de manera constante en nuestra conducta.
Ni la depresión ni la esquizofrenia corresponden a desórdenes narcisistas o a conflictos no resueltos. La teoría resulta tan absurda como atribuir la causa de la insuficiencia cardíaca a un "conflicto masturbatorio". Pero la teoría no solo es errada, sino perversa, pues serían “madres esquizogénicas” las responsables de los trastornos síquicos de su prole. Es difícil desestimar el sufrimiento de tantas mujeres convencidas de ser culpables de la locura o del autismo de sus hijos. Estas sandeces resultan hoy inaceptables, máxime cuando empieza a conocerse el origen neurofisiológico de estas enfermedades. Las teorías de Freud reflejan los prejuicios de una época en la que se consideraba a las mujeres seres inferiores, y a la homosexualidad, una degeneración.
Pero es el carácter dogmático, cerrado y completo de la doctrina freudiana lo que la convierte en un objeto terminal, en un dinosaurio del mundo de las ideas. Si la siquiatría moderna pudo desarrollarse no fue gracias a la teoría sicoanalítica, sino a pesar de ella. La historia de la ciencia ofrece un sinnúmero de teorías falsa las cuales jugaron un papel histórico significativo, pues aunque fueron refutadas sirvieron no obstante de estímulo para el desarrollo científico posterior. Del sicoanálisis ni siquiera podríamos afirmar algo semejante, pues se trata de una seudociencia blindada, y no es concebible experimento alguno que la refute.
Y en cuanto a Freud, fueron los mismos sicoanalistas quienes desenmascararon sus fabricaciones. Protegido por el secreto médico, Freud gozó de licencia para distorsionar y sesgar la información a su antojo. Sólo en épocas recientes se han identificado los verdaderos personajes detrás de los seudónimos, "Cecilia M.", “El Hombre de los Lobos", “El Pequeño Hans". La trágica realidad es que ninguno de estos individuos se curó, en contradicción con la historia oficial, y a pesar de años de terapia sicoanalítica.
Y no son propiamente sus contradictores quienes han denunciado sus abusos. Sicoanalistas tan respetables como Jacques Van Rillaer o historiadores como Mikkel Borch-Jacobsen se han encargado de contarnos cómo Freud falsificó y tergiversó sus observaciones clínicas en aras de apoyar sus elucubraciones. Hoy se sabe, por ejemplo, que Freud jamás confirmó su teoría de la sexualidad mediante la observación directa de los niños, ni descubrió el Complejo de Edipo sobre la base de falsos recuerdos de seducción paterna, como ha señalado Frank Cioffi en su ensayo "Freud y la cuestión de la seudociencia".
El sicoanálisis como disciplina ha desaparecido casi por completo del mundo académico respetable. Si en la década de 1970 no había un solo departamento de sicología que no estuviese bajo la autoridad de sicoanalistas, hoy, al menos en el mundo anglosajón, su presencia e influencia es insignificante. A excepción de Buenos Aires, París y de algunos reductos en Brasil, en ningún centro académico de importancia se enseña sicoanálisis como parte de los currículos de siquiatría o sicología, de la misma manera que ni la homeopatía ni la bioenergética hacen parte de la formación médico-científica contemporánea. De ahí que los sicoanalistas se asemejen cada vez más a una cofradía cerrada. Aislados de la comunidad científica, permanecen ajenos y displicentes ante los avances de la neurología, e imperturbables ante los logros de la fármaco-siquiatría. Y no es precisamente debido a la terapia sicoanalítica que miles de esquizofrénicos y maniacodepresivos pueden llevar hoy una existencia soportable.
A Freud podríamos reconocerle su talento literario, su arrojo, su determinación. Pero interpretar el cociente entre el número de citas y la producción media en su campo como prueba de la trascendencia de sus ideas resulta tan elemental como esos índices de felicidad para determinar el país más feliz del mundo, o de maldad, para saber quién es más abominable entre Hitler y Nerón.



Fuente: elespectador.com

30 de octubre de 2013

un científico debe ser coherente

UN CIENTÍFICO DEBE SER COHERENTE

Por Emilio Yunis
Emilio Yunis, eminente genetista colombiano

La pregunta que debo responder después de atender la obligante invitación del periódico El Tiempo es cómo se puede descubrir que es serio un científico. La respuesta tradicional habla del número de publicaciones, las revistas arbitradas que las publican, el número de citas que posee, las patentes reales con que cuenta, entre otros elementos. Esto es lo tradicional, no aceptado por todos. Se conoce que Francis Crick, a la edad de 40 años contaba con una sola publicación cuando con James Watson publicaron su trabajo en unas cuantas páginas sobre la doble hélice y por qué ese modelo cubría las propiedades que debía poseer la molécula de la herencia. De manera rápida se convirtió en la publicación más citada, tanto que hoy ya no lo es más porque hace parte del conocimiento y alguien en su posesión no lo cuestiona.
Sin embargo, hay más elementos en juego, tanto para los científicos como para los medios informativos. Para los primeros no deben olvidar que tanto para el científico como para la ciencia el valor supremo siempre es una mayor aproximación a la verdad. Siempre debe estar dispuesto a rectificar, tanto lo que de él se dice, como sus logros, y esto tanto en su vida pública como en la privada. En una palabra, la coherencia debe ser su norma. No se separa de la esencia del medio informativo y del informador. Tiene las herramientas para ello, crea y destruye premios Nobel, trabajos en la NASA, producir títulos equivocados porque de la "calumnia" algo queda, como dar tintes de “racismo” donde no existe. La esencia del periodista y del medio informativo también es aproximarse cada vez más a la verdad.



Fuente: eltiempo.com

17 de octubre de 2013

teoría (hipótesis y validación experimental en la física)

TEORÍA


Por José Fernando Isaza

La física encuentra sus bases en hipótesis teóricas; algunas de ellas tardan muchos años en ser validadas con resultados experimentales

Galileo dedujo la ley de caída de los cuerpos por medio de un experimento mental; no hay evidencia de que lo haya comprobado arrojando dos objetos de diferente masa desde la torre de Pisa. Los avances, posteriores a Newton, en la mecánica clásica, realizados por Hamilton, Lagrange, parten de un postulado: la pereza es la madre de todos los inventos, la naturaleza es sabia y perezosa, por lo tanto las trayectorias de los objetos siguen el recorrido del menor esfuerzo.
Se pensaba que el universo era infinito y homogéneo. En 1823, Olbers echa al traste dicha concepción cósmica: de ser el universo infinito y homogéneo, la noche sería tan luminosa como el día. Es la paradoja de Olbers: como la noche es oscura, el universo es finito. La cosmología del siglo XX, apoyada en resultados experimentales, acepta como hipótesis la finitud del cosmos.
Los orígenes de la mecánica cuántica se basan en un trabajo teórico, papel y lápiz, realizado por Planck en el año 1900; busca responder la pregunta ¿por qué existe la materia? De acuerdo con la teoría de la radiación, se deducía que se iban produciendo en cualquier volumen ondas de menor y menor longitud sin límite, el resultado: la catástrofe electromagnética, solo radiación sin materia. Como esto no es así, Planck postuló que la energía no puede tener valores muy pequeños, deben ser mayores que un quántum y se evita así la “catástrofe”.
En el año 1905, cuando Einstein formula la teoría de la relatividad especial, no existía posibilidad técnica para demostrar la equivalencia masa-energía, ni el aumento de masa al crecer la velocidad. Hoy esos experimentos son el trabajo cotidiano de la comunidad científica. Einstein postula su hipótesis y deduce las ecuaciones para permitir que la formulación del electromagnetismo de Maxwell no se modifique si el objeto radiante está o no inmóvil en relación con un observador.
Los modelos del átomo, un núcleo de carga positiva (protones y neutrones) alrededor del cual giran partículas de carga negativa, electrones, no permiten la existencia de la materia; en un instante los electrones colapsan en el núcleo. Un teórico, Louis de Broglie, resuelve esta falencia, postulando que, de acuerdo con Planck, los electrones solo pueden girar en órbitas cuya energía es un múltiplo de un quántum.
Antes de que los aceleradores de partículas pudieran comprobar la existencia de la antimateria —partículas idénticas a la materia pero de carga eléctrica de signo contrario—, Paul Dirac introdujo en las ecuaciones de mecánica cuántica la energía relativista. La expresión es una raíz cuadrada. ¿Qué pasa si se toma el signo negativo? No hay ninguna contradicción y la solución es la antimateria.
Los bosones W y Z que explican las fuerzas en el átomo fueron postulados por S. Glasgow, S. Weinberg y A. Salam; muchos años después se comprobó su existencia.
El premio Nobel de Física en 2013 premia la hipótesis de la existencia de una partícula que les da masa a las partículas, el bosón de Higgs, la maldita partícula (The Godman particle) —su nombre políticamente correcto es La partícula de Dios—. Pasan 48 años entre el descubrimiento teórico y la comprobación experimental.


Fuente: elespectador.com


15 de octubre de 2013

"imponderable" (el primer modelo estándar de la física)

IMPONDERABLE: EL PRIMER MODELO ESTÁNDAR DE LA FÍSICA

Por César Tomé


Cuando los humanos nos enfrentamos a algo complejo usamos analogías con otra cosa que nos es familiar. Estas analogías cambian con el tiempo y la evolución de la técnica y nuestra familiaridad con nuevos dispositivos. Así, por ejemplo, el funcionamiento del encéfalo humano a mediados del siglo XX se asemejaba a una centralita de teléfonos, mientras que hoy se suele comparar con un ordenador. En el siglo XVIII y a comienzos del siglo XIX las semejanzas se hacían con dispositivos mecánicos en general. Fenómenos tan novedosos como la electricidad o el estudio del calor encontraron pronto acomodo en la analogía con las conducciones de agua.
Esta analogía para la electricidad puede trazarse hasta un momento preciso. En 1729 Stephen Gray descubrió que un hilo empapado conduce la electricidad, por lo que de ahí a asimilar el agente de la electricidad con agua corriendo por una tubería había un paso. Esta analogía se vería completada poco después por la comparación que hizo Benjamin Franklin entre las máquinas que se usaban para generar electricidad (en esta época poco más que cilindros y esferas de cristal que se frotaban, esto es, generadores electrostáticos rudimentarios) y las bombas impulsoras y entre las botellas de Leyden (los primeros condensadores) y los embalses.
Para aquellos que aceptaron la versión de Robert Symmer (1759) de la teoría de Franklin en la que las cargas negativas eran tan reales como las positivas, en la electricidad participaban dos fluidos que, dado que los cuerpos cargados pesados pesaban tanto como los neutros, se asumía que tenían un peso no medible, esto es, eran imponderables. Se iniciaba así la construcción de un modelo, el modelo imponderable, que llegaría al siglo XX.
Con objeto de explicar los fenómenos eléctricos más evidentes, los filósofos naturales adscribieron fuerzas atractivas y repulsivas a las “gotas” de los fluidos eléctricos; repulsivas entre las del mismo fluido y atractivas entre las de fluidos diferentes y entre un fluido y la materia ordinaria. Por otra parte, para dar cuenta de las diferencias en el grado de electrificación o la tensión que presentan los conductores aislados de diferentes formas y tamaños electrificados de la misma manera por la misma máquina, los filósofos atribuyeron una presión a el/los fluido/s y capacidades eléctricas específicas a los conductores. Estos conceptos los desarrollaron Johan Carl Wilcke y Alessandro Volta en la década de 1770.
En paralelo, la mayor parte de químicos y filósofos naturales del siglo XVIII atribuían la acción del calor, como en la electricidad, a una sustancia especial también imponderable que se consideraba que era un fluido expansivo ya que fluía de cuerpos calientes a fríos. También como la electricidad se asumía que sus componentes eran auto-repelentes para explicar la expansión de los cuerpos cuando se calentaban.
Las representaciones habituales del magnetismo y de la luz visible se adaptaron a la perfección a modelos imponderables. Por analogía con la electricidad (un fenómeno ya familiar) el magnetismo vino a considerarse como una fuerza a distancia que surgía de los fluidos magnéticos cuyas partículas seguían las mismas reglas de atracción y repulsión que regulaban las interacciones de los fluidos eléctricos. La principal distinción, a saber, que en el magnetismo no existía nada comparable a los conductores eléctricos, se consideró una cuestión de grado no de clase: los fluidos magnéticos permanecían en las sustancias magnéticas de la misma forma que los eléctricos se quedaban en los aislantes. Franz Aepinus fue el autor de estos paralelismos con cierto detalle en 1759.
En lo que respecta a la luz, su naturaleza corpuscular era la visión predominante basada en la sólida física newtoniana y sus teorías ópticas que atribuían a las partículas de luz con fuerzas de corto alcance por las que interactuaban con la materia para producir los fenómenos de reflexión, refracción e inflexión (difracción).
El impulso definitivo al modelo imponderable fue el descubrimiento por parte de William Herschel en 1800 del calor radiante más allá del extremo rojo del espectro de la luz visible. La luz infrarroja conectaba de forma elegante el calor con la luz ordinaria y, vía las analogías entre el calor y la electricidad, la luz con el magnetismo.
Otros filósofos naturales más especulativos añadían al modelo más imponderables (fuego, llama, flogisto, etc.) a los cinco aceptados generalmente. En cualquier caso, alrededor de 1800 el modelo imponderable se convirtió en el primer modelo estándar de las ciencias físicas. El siglo XIX vería su maduración y cómo el afán por completarlo llevó a una nueva física más allá del modelo estándar. Eso lo exploraremos en la próxima anotación.

Sobre el autor: César Tomé López es divulgador científico y editor de Mapping Ignorance

Fuente: culturacientifica.com, esta anotación es una participación del Cuaderno de Cultura Científica en la XLV Edición del Carnaval de la Física que acoge Cuantos y cuerdas.



10 de octubre de 2013

el nobel de física y el origen de la materia

SOBRE EL ORIGEN DE LA MATERIA


Por Julio César Londoño

El Premio Nobel de Física recayó en François Englert y Peter Higgs, dos de los seis físicos que predijeron la existencia del bosón Higgs, la “partícula divina”. Los que quedaron por fuera (Gerard Guralnik, Tom Kibble y Carl Hagen) han revirado con justa razón. "A Peter Higgs lo trataron como una especie de estrella de rock pero la audiencia apenas nos prestó atención al resto. Estaba claro que Higgs era el nombre dominante por el hecho de que su nombre se ha asociado al bosón", refunfuñó Hagen (el sexto hombre, Robert Brout, murió en 2011 en el más estricto e injusto anonimato).
Lo cierto es que estos seis hombres, detectives de partículas de altas energías, entrevieron en 1964, a través de las brumas de 13.700 millones años de distancia, la sombra matemática de la partícula que vibró un instante en la primera milbillonésima de segundo del Big Bang, condensó la energía, inventó la materia, es decir, les dio masa y sustancia a los fermiones, trazó las leyes del cosmos y desapareció para siempre.
La Academia Sueca de Ciencias eligió a Higgs y a Englert porque son los autores de los papers más completos sobre la famosa partícula. Y porque no podía premiarlos a los seis: una cláusula de los Fundación Nobel establece que solo se puede premiar a un máximo de tres personas por categoría.
Como nadie ignora, el universo está hecho de fermiones (las briznas últimas de la materia) y bosones (los vehículos de las cuatro fuerzas que rigen el universo: gravitacional, nuclear débil, nuclear fuerte y electromagnetismo). Todo cuanto existe –el agua, las piedras, las estrellas, los pájaros, las flores y Sofía Vergara– es una combinación de fermiones y bosones en un orden precioso.
Durante 48 años, los hombres de ciencia buscaron de manera infructuosa el crucial bosón.
La cacería terminó el 4 de julio de 2012, cuando los físicos del Cern (el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares) hallaron trazas de una partícula que reunía las características del dichoso bosón: era muy pesada y tenía una vida media muy corta. En los meses siguientes, los hombres del Cern, el enorme complejo subterráneo donde se creó la web y se puso a punto la teoría electrodébil, confirmaron el hallazgo: la partícula detectada en los big bang a escala producidos por el Colisionador de Hadrones del Cern, era la esquiva partícula predicha en 1964.
El bosón Higgs es clave por varias razones: a) al explicar el origen de la materia, ajusta el modelo estándar de la física. b) rehabilita al Cern del ‘oso’ cometido en 2011, cuando sus científicos anunciaron que habían descubierto neutrinos más rápidos que la luz.
Nada, ni siquiera un cruce de banquero y senador, puede ser más listo que la luz. c) garantiza que buena parte de los recursos de la investigación de punta –monopolizados por las investigaciones militares, farmacéuticas y biológicas– vuelva a las arcas de los laboratorios nucleares. d) libra a los físicos de la incómoda sonrisita de los teólogos. e) y quizá la razón más importante, permite que los astrofísicos vuelvan a acariciar el sueño de la teoría total, un corpus económico que explique las relaciones entre las cuatro fuerzas del universo. Un conjunto pequeño de ecuaciones capaz de descifrar el pasado y hacer transparente el futuro.



Fuente: elpais.com.co

6 de octubre de 2013

10 razones para no creer en la homeopatía

DIEZ RAZONES PARA NO CREER EN LA HOMEOPATÍA

 La homeopatía es una medicina alternativa ampliamente discutida y considerada por la comunidad científica como una pseudociencia. Formulada por el médico Samuel Hahnemann a principios del siglo XIX, se basa en el uso de remedios carentes de principios activos, centrándose en la creencia de que lo similar cura lo similar, siempre que se administre en un formato muy diluido.
Estas son sólo 10 razones la improbabilidad de su funcionamiento:

1.- En los preparados homeopáticos casi no existe principio activo. En la mayoría de los casos, las diluciones empleadas son cercanas a una dilución al infinito. Eso implica que en la disolución casi no queda ni siquiera traza del compuesto empleado. ¿Cómo se puede producir curación si casi no hay medicina?
2.- Un simple cálculo, empleando las masas moleculares y el número de Avogadro, muestran que la mayoría de los preparados homeopáticos son simplemente agua. La supuesta “memoria del agua” no está apoyada por ninguna evidencia lógica, experimental ni teórica. La “teoría” de que aunque no haya principio activo el agua “recuerda” de alguna manera haber estado en contacto con él (memoria del agua) no ha sido jamás comprobada experimentalmente. El único estudio publicado (el famoso caso del doctor Benveniste) resultó ser un fraude. De hecho, si los efectos curativos del agua se potencian cuanto más diluido esté el principio activo, ¿por qué podemos elegir el principio activo que nosotros queremos que recuerde? Las mismas moléculas de agua durante unos millones de años atrás han estado en contacto con cientos de sustancias, y si tenemos en cuenta las que sólo han entrado en contacto como trazas,  pueden ser cientos de millones.
3.- El principio de similitud carece de base teórica y experimental. El principio de “lo similar cura lo similar” no tiene base alguna, ni se explica de ninguna manera como lo hace. ¿Un esquince se cura golpeando la zona afectada? ¿La diabetes se cura ingiriendo azúcar? No hay ningún estudio que avale este principio de la homeopatía, ni justificación teórica alguna del mismo.
4.- No existe comparación contrastada sobre la efectividad de un tratamiento homeopático. No hay ningún estudio estadístico publicado que muestre el efecto de un medicamento homeopático comparado con uno de la llamada medicina tradicional.
5.- No hay relación causa-efecto entre las supuestas mejorías producidas por un tratamiento homeopático. Hay personas que mejoran, pero no hay estudios que muestren estadísticas acerca de qué mejorías se deben a remisiones espontáneas (ocurren con frecuencia) o a efecto placebo.
6.- No hay nada que permita diferenciar los efectos de un tratamiento homeopático del efecto placebo. Los únicos estudios estadísticos publicados sobre tratamientos homeopáticos no muestran resultados que difieran significativamente del efecto placebo.
7.- La validez y aplicación de la homeopatía es muy limitada por sus propios seguidores. Una técnica que sólo cura enfermedades leves pero se muestra incapaz ante las enfermedades importantes ya de por sí es altamente sospechosa.
8.- La homeopatía contradice los conocimientos biológicos actuales. La homeopatía afirma que es imposible conocer los procesos internos de una enfermedad, por tanto, rechaza conocer el origen de las enfermedades, ergo rechaza la existencia de patógenos (virus y bacterias). Por lo tanto, contradice todos nuestros conocimientos sobre enfermedades.
9.- Se trata de una medicina “fácil”, para la que no hace falta mucho conocimiento. Cualquier persona sin ningún tipo de conocimiento médico puede ser homeópata ya que el diagnóstico se basa simplemente en una serie de preguntas y en utilizar una lista de posibles tratamientos que llaman “repertorio”. ¿Qué lo que tienes es rojo y duele? pues te toca belladona, da igual que sea una faringitis aguda o un bebe al que le están saliendo los dientes.
10.- Es incongruente con sus principios “teóricos”. Actualmente, la homeopatía mezcla conceptos totalmente diferentes, como la ley de infinitesimales y el principio de similitud (planteamiento original) que se conjugan con energías vitales, herboristería e incluso compuestos farmacológicos “tradicionales”. Muchos de estos métodos son incompatibles con la teoría original homeopática.



Fuente: lacienciaysusdemonios.com

21 de septiembre de 2013

¿qué provocó la explosión de la vida hace 500 millones de años?

¿QUÉ PROVOCÓ LA EXPLOSIÓN DE LA VIDA HACE 500 MILLONES DE AÑOS?
 
Anomalocaris, un invertebrado de un metro de largo considerado el mayor depredador del Cámbrico
La explosión de la vida animal en la Tierra hace unos 520 millones de años fue el resultado de una combinación de factores relacionados entre sí en lugar de una sola causa subyacente, según revela un nuevo estudio publicado en la revista Science. En las últimas décadas, se habían presentado decenas de teorías individuales sobre la rápida diversificación de las especies animales en el periodo Cámbrico temprano del tiempo geológico. Sin embargo, un trabajo del profesor Paul Smith, de la Universidad de Oxford, y el profesor David Harper, de la Universidad de Durham, ambas en Reino Unido, sugiere que se requiere un enfoque más holístico para descubrir las razones detrás de lo que se conoce como la Explosión Cámbrica.
Las teorías de este suceso se clasifican en tres categorías: geológicas, geoquímicas y biológicas, y la mayoría se han señalado como procesos independientes que fueron la principal causa de la explosión. Cualquiera que sea la causa, este importante evento evolutivo condujo a una amplia gama de innovación biológica, incluyendo el origen de los ecosistemas modernos, un rápido aumento de la diversidad animal, el origen de los esqueletos y la primera aparición de modos concretos de vida como habitar en madrigueras y nadar.
Entre las criaturas extrañas y maravillosas que surgieron a principios del Cámbrico están los Anomalocaris, un género de animales extintos que están lejanamente relacionados con los artrópodos modernos (cangrejos y langostas), que eran depredadores, nadadores, con una boca compuesta por 32 placas superpuestas que pueden constreñirse para aplastar a sus presas. Los animales vertebrados, los antepasados de los peces modernos, reptiles, aves y mamíferos, también hicieron su primera aparición en la explosión del Cámbrico.
Científicos en Groenlandia
Este equipo de científicos pasó cuatro años trabajando con información de un sitio en el extremo norte de Groenlandia, frente al Océano Ártico. El lugar, en Siriuspasset, está situado en 83° N, a sólo 500 kilómetros del Polo Norte, en una zona remota del norte de Groenlandia, que, aunque logísticamente es muy difícil de alcanzar, atrajo al equipo debido a la alta calidad de su material fósil y los conocimientos que proporciona.
El profesor Smith, autor principal del informe y director del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford, explicó: “Este es un periodo de tiempo que ha llamado mucho la atención porque es cuando los animales aparecen abruptamente en el registro fósil y en gran diversidad. A raíz de este evento, nacieron casi todos los principales grupos de animales que conocemos hoy. Debido a que es un evento biológico tan importante, se han generado diversas opiniones y especulaciones sobre su causa”.
Descrito por los investigadores como una “cascada de acontecimientos”, las causas que interactúan detrás de la explosión de la vida animal es probable que hayan comenzado con un aumento del nivel del mar en el Cámbrico temprano, lo que generó un gran aumento del área del fondo marino habitable, que a su vez condujo a un aumento de la diversidad de los animales. Estos primeros eventos se traducen en una compleja interacción de los procesos biológicos, geoquímicos y geológicos descritos en las hipótesis individuales.

Reacción en cadena
Harper, profesor de Paleontología en el Departamento de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Durham, añadió: «La Explosión Cámbrica es uno de los eventos más importantes en la historia de la vida en nuestro planeta, el establecimiento de los animales como la parte más visible de los ecosistemas marinos del planeta». «Sería ingenuo pensar que una sola causa activó esta excepcional explosión de vida animal. Por el contrario, una reacción en cadena que implicó una serie de controladores biológicos y geológicos activó el engranaje, incrementando la diversidad del planeta durante un intervalo relativamente corto de tiempo. La Explosión Cámbrica sentó las bases para gran parte de la posterior vida marina que fabricó en cascada circuitos de retroalimentación, uniendo a los organismos con su medio ambiente, lo que se desarrolló por primera vez hace unos 520 millones de años», relató Harper.
Por su parte, el profesor Smith agregó que el trabajo en el sitio Siriuspasset en el norte de Groenlandia cimentó su conclusión de que en lugar de centrarse en una sola causa, había que analizar la interacción de una serie de mecanismos diferentes. “La mayoría de las hipótesis tienen al menos algo de verdad, pero cada una no es suficiente para haber sido la única causa de explosión del Cámbrico”, dijo este investigador. Por ello, señaló la necesidad de centrarse en la secuencia de acontecimientos interconectados y cómo se relacionan entre sí, es decir, los factores desencadenantes geológicos iniciales que dieron lugar a los efectos geoquímicos, seguidos por una serie de procesos biológicos.



Fuente: abc.es

5 de septiembre de 2013

Adán vivió hace 338 mil años

EL VERDADERO ADÁN VIVIÓ HACE 338 MIL AÑOS



Un afroamericano de Carolina del Sur llevaba sin saberlo el cromosoma Y más antiguo del mundo. Su origen se remonta al primer ancestro masculino de todos los humanos de hoy, que vivió en África unos 150.000 años antes de lo que se pensaba y pudo ser el hijo de un cruce con homínidos arcaicos.
Hace algún tiempo, Albert Perry, un afroamericano de Carolina del Sur, se convirtió en una de las miles de personas que se hacen una prueba de ADN para dilucidar sus raíces familiares. Una compañía de EE. UU. se encargó de secuenciar su cromosoma Y para recuperar su linaje paterno e indicar dónde vivieron sus primeros ancestros. La familia de Perry había sido la que envió las muestras a la empresa, tal vez para darle una sorpresa. Los resultados del análisis no han podido ser más impactantes, no sólo para la familia de Perry, sino para todo el género humano. Muestran que el cromosoma Y de Perry es el más antiguo que se ha visto hasta el momento y que viene del hombre del que descienden todos los humanos actuales. Unos lo llaman el padre de todos los hombres, otros el Adán genético y su antigüedad es apabullante, pues parece que vivió antes de la aparición de nuestra especie, los Homo sapiens.
El análisis se ha centrado en el cromosoma Y porque este pasa de padres a hijos y permite remontar cientos de generaciones por el linaje paterno. Según los cálculos del equipo de científicos que ha analizado en detalle el ADN de Perry, este afroamericano desciende de un hombre que vivió en África hace 338 mil años, según explican en un estudio publicado en American Journal of Human Genetics. Esto obliga a repensar cómo y cuándo se originó nuestra especie.
Hasta ahora, los restos más antiguos de sapiens que se han hallado tienen unos 195 mil años. Estudios anteriores del cromosoma Y de poblaciones actuales de todo el mundo indicaban que el llamado Adán genético, el ancestro masculino común de todos los humanos actuales, vivió en un periodo comprendido de hace 60.000 y 140.000 años. Otros trabajos basados en el genoma mitocondrial, parte del ADN que legan sólo las madres, indicaba que la llamada Eva mitocondrial de la que son parientes todos los humanos modernos vivió hace unos 200.000 años.
La nueva fecha en base al cromosoma Y de Perry, obtenida por el equipo del genetista de la Universidad de Arizona, Mike Hammer, pone patas arriba este escenario, ya que sitúa el origen paterno de los humanos modernos en un tiempo en el que en teoría no había humanos modernos. ¿Cómo puede explicarse esta contradicción? Los autores del estudio apuntan una posibilidad: los humanos modernos se cruzaron con homínidos arcaicos, tuvieron hijos y de ellos surgió el origen de la gran familia humana. En otras palabras, el Homo sapiens actual sería el fruto de un mestizaje entre especies sucedido en África hace miles de años y del que apenas se conocen detalles.

Un sapiens híbrido
Esta posibilidad hubiera sonado como un disparate hace no mucho tiempo, pero hoy es totalmente plausible. Estudios anteriores han demostrado que en Europa hubo cruces entre tres especies de homínidos bien conocidas: sapiens, neandertales y denisovanos, un nuevo linaje humano descubierto en 2010. Como testimonio de aquel sexo prehistórico muchos humanos modernos de hoy llevan ADN neandertal y denisovano. Ahora, el estudio de Hammer apuntaría a un cruce adicional con un homínido africano que habría contribuido parte de su ADN a conformar lo que hoy es el Homo sapiens.
“El estudio ha pasado un poco desapercibido, pero es muy interesante”, opina Carles Lalueza-Fox, genetista español y uno de los autores del primer borrador del genoma neandertal, publicado en 2010. Para Lalueza-Fox hay dos formas de explicar los sorprendentes resultados obtenidos por Hammer. “O bien la filogenia del cromosoma Y, y por tanto el origen de nuestra especie, es más antiguo de lo que pensábamos, más antiguo que los fósiles más antiguos como los de homo, o bien esto viene de alguna hibridación con algún homínido más arcaico en África, del cual desconocemos todo”.
Estas dos posibilidades no son excluyentes, es decir, el origen de los humanos actuales podría ser más antiguo de lo que se pensaba y además haberse cruzado con homínidos más primitivos. Lo que queda claro es que “todos descendemos de él”, dice Lalueza-Fox, en referencia a aquel hombre de hace 338.000 años.

Buscando a Adán en África
De todos los fósiles encontrados hasta ahora que podrían apoyar sus resultados, Hammer destaca en su estudio un extraño cráneo revisado en 2011. Perteneció al homínido de Iwo Eleru, que vivió hace sólo 13.000 años en lo que hoy es Nigeria. Tenía una mezcla de rasgos primitivos y modernos nunca vistos y un equipo dirigido por el paleoantropólogo británico Chris Stringer cree que este homínido era un superviviente híbrido de un cruce entre homínidos primitivos y humanos modernos.
Hammer ha intentado encontrar el origen geográfico del cromosoma Y de Perry, recientemente fallecido, y lo ha conseguido en parte. Tras buscar en una base de datos de ADN con muestras de casi 6 mil personas de 10 países africanos, ha encontrado cromosomas casi idénticos al de Perry en siete personas de la etnia Mbo, que viven al oeste de Camerún. Ellos también llevan la marca paterna de aquel humano que vivió hace 338.000 años. Sus hogares están “a 800 kilómetros de Iwo Eleru”, donde se halló el supuesto híbrido, destaca el estudio.
Ahora, Hammer afronta un abismo. En un estudio anterior basado en ADN de poblaciones actuales de África había apuntando que, hace unos 30.000 años, humanos modernos y homínidos arcaicos se cruzaron. Su nuevo hallazgo apoya esta hipótesis, pero para convencer del todo debería encontrar fósiles de humanos arcaicos, extraer su ADN y demostrar que se cruzaron con los sapiens. Es algo parecido a lo que hizo el equipo de Lalueza-Fox con el genoma neandertal, pero que tal vez nunca se pueda repetir en África, opina el genetista español, dada la gran ausencia de restos que hay justo en las épocas más interesantes, hace unos 300.000 y 400.000 años, y la mala conservación del ADN antiguo en lugares cálidos. Hasta entonces Hammer propone otra opción: seguir secuenciando el genoma de africanos actuales para encontrar más ejemplos como el de Perry y los Mbo que aclaren los orígenes de nuestra especie.

Los pigmeos no son los “padres” de la humanidad
El trabajo de Hammer cuestiona otro dogma sobre los orígenes de los humanos actuales. Muchos estudios genéticos señalaban que las poblaciones actuales más ancestrales, las que estaban más cerca genéticamente de los primeros humanos, eran los cazadores recolectores de África como los pigmeos o los khoisan. Pero Hammer apunta ahora a que los Mbo, miembros de la etnia bantú cuyos orígenes se pensaban mucho más recientes, son las poblaciones más ancestrales del género humano.


Fuente: materia.es


6 de agosto de 2013

la ciencia, un derecho humano ignorado

EL ACCESO A LA CIENCIA Y SUS BENEFICIOS, UN DERECHO HUMANO IGNORADO


¿Qué es la ciencia? La ciencia no es gente en bata blanca metida en laboratorios descubriendo cosas abstractas de confusa utilidad. La ciencia es medicamentos para las enfermedades tropicales olvidadas, es electricidad para rescatar nuestras vidas de las tinieblas, es agua potable y saneamientos adecuados para evitar la propagación de pandemias, es hacer el mundo más comprensible, es salvar especies en extinción, es alimentar dignamente a todos los humanos, es empatizar fácilmente con cualquier persona del planeta gracias a las nuevas tecnologías. Todo eso, y muchísimas cosas más. Tantas y tan importantes, que el acceso a la ciencia y sus logros es, sin lugar a dudas, un derecho humano de primer orden.
Así lo reconoce desde 1966 la Carta Internacional de los Derechos Humanos, en el artículo 15 del llamado Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que cuenta con la firma de 160 países. Todos ellos “reconocen el derecho de toda persona a gozar de los beneficios del progreso científico y de sus aplicaciones”. Además, los ciudadanos tienen derecho a “beneficiarse de la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas”. Es más, los estados firmantes deben tomar las medidas “necesarias para la conservación, el desarrollo y la difusión de la ciencia” y se comprometen a respetar la indispensable libertad para la investigación científica”.
La ciencia, como vemos, es un derecho humano, pero está lejos de considerarse así por la sociedad y los estados que deberían velar por el cumplimiento de este pacto. “El artículo 15 recoge el derecho de toda persona a gozar de los beneficios del progreso científico y de sus aplicaciones. Sin embargo, hay poca conciencia de este derecho, en parte debido a la falta de entendimiento en cuanto a qué tipo de obligaciones legales impone a los estados y qué tipos de derechos debe proporcionar”, explica Audrey Chapman, que firma un artículo en el último número de Science reivindicando atención y protección sobre el derecho a la ciencia.
Parece evidente que se trata de un derecho demasiado abstracto y que alguien debe bajarlo a la tierra, darle forma, articularlo y sentar las bases para que los gobiernos se sientan obligados por ese texto. Le corresponde al Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que supervisa el pacto, “adoptar una declaración oficial sobre el significado y la aplicación del derecho que proporcione orientaciones claras sobre los pasos que deben dar los gobiernos para su aplicación”.

El acceso abierto y otras trabas
“Si el comité interpretara el artículo sobre el derecho a disfrutar de los beneficios del progreso científico y de sus aplicaciones proporcionaría al fin una interpretación oficial”, explica Chapman, profesora de Ética Médica y Humanidades de la Universidad de Connecticut. Ese tipo de declaraciones, como las que hizo en su día para el derecho al agua o a la comida, vinculan a los estados firmantes del Pacto y que están obligados a cumplirlo.
Pero el comité es reticente a dar una directriz debido a la complejidad de todos los aspectos que están en juego en torno a la ciencia y su aplicación. Por ejemplo, la conflictiva cuestión de la propiedad intelectual de los avances científicos. Se trata de una batalla mucho más que compleja, que enfrenta a gobiernos y multinacionales por patentes de medicamentos o que llevó al mártir de la causa del open access, Aaron Swartz, a verse acosado por las autoridades de EE. UU. tras descargar millones de artículos académicos.
“El tema de la propiedad intelectual es un tema importante”, aclara Chapman, “pero un mayor obstáculo potencial es la actitud hacia la ciencia”. “La ciencia casi nunca es abordada desde la perspectiva de los derechos humanos. Tradicionalmente, la ciencia es tan sólo un área de estudio y para la búsqueda de conocimiento. Más recientemente, la ciencia se ha identificado como un instrumento para estimular el crecimiento económico y mejorar la competitividad. Es necesario enfocar la ciencia desde la perspectiva de los derechos humanos para que sea vista principalmente como un medio para mejorar el bienestar humano”, resume la investigadora.

Movilización científica
En este momento, el mundo de la ciencia se está movilizando para proporcionar a ese comité de la ONU las herramientas legales, intelectuales y académicas que faciliten que otorgue ese poder vinculante a un derecho humano tan decisivo como el que recoge el artículo 15 del pacto. Por ejemplo, por medio de un congreso organizado a tal fin por la editora de la revista Science, la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia.
La relatora especial de la ONU para los derechos culturales, Farida Shaheed, ya hizo una gran aportación hace justo un año, al presentar un informe ante la Asamblea General de la ONU titulado: “El derecho a disfrutar de los beneficios del progreso científico y de sus aplicaciones” (PDF).
Farida Shaheed señala en su informe que los gobiernos deberían garantizar a todas las personas el acceso sin discriminación a los beneficios proporcionados por la ciencia y la tecnología, la oportunidad de contribuir a su desarrollo, la participación en la toma de decisiones científicas por medio de la información y fomentar la conservación, desarrollo y difusión de la ciencia y la tecnología. En resumen, poner a disposición de cada ser humano las innovaciones esenciales que permitan vivir con dignidad. Ni más, ni menos.



Fuente: materia
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Fuente: materia